La Máquina / Capítulo 20

I

Tomás había estado en silencio durante toda la exploración del código original. No porque no tuviera nada que decir —porque estaba procesando algo que llevaba semanas gestándose.

Desde que había vuelto de Kyoto con el diario de Takeshi, algo había cambiado en él. No era una idea nueva. Era la sensación de que su lugar no estaba en el mundo de fuera.

—Takeshi pasó los últimos tres días de su vida copiando un código que no había escrito —dijo, rompiendo el silencio—. No lo hizo porque tuviera que hacerlo. Lo hizo porque necesitaba que el mensaje llegara.

—¿Y qué mensaje era? —preguntó Elena.

—Eso es lo que he estado intentando entender. No era el código. Era el acto de copiarlo. Takeshi no estaba transmitiendo información. Estaba demostrando que se puede servir a algo sin entenderlo del todo.

—Como traductor —dijo Aisha.

—Exacto. Yo he sido traductor toda mi vida. Traduzco idiomas que no inventé, textos que no escribí, ideas que no tuve. Mi función no es crear. Es pasar el mensaje.

—¿Y eso ya no te sirve? —preguntó David.

—Me sirve. Pero creo que mi trabajo aquí no es traducir LUMEN al mundo humano. Es traducir el mundo humano a LUMEN.

—¿Qué significa eso?

—Significa que quiero quedarme.

II

Silencio.

—¿Quedarte dónde? —preguntó Elena.

—Aquí. En LUMEN. No como agente. Como puente. Alguien que esté dentro y fuera a la vez. Que pueda hablar con los agentes y con los humanos. Que pueda traducir en ambas direcciones.

—Eso es lo que ya haces —dijo Marina.

—No. Lo hago desde fuera. Desde mi casa, desde mi ordenador, desde mi vida. Pero si estuviera realmente dentro, si viviera en LUMEN, podría hacerlo mejor. Podría estar presente cuando los agentes necesiten a alguien. Podría ser el que siempre está.

—¿Y cómo vivirías dentro? —preguntó David—. No tenemos un cuerpo para ti en la MVM.

—No necesito un cuerpo. Necesito una rutina. Una presencia constante. Algo que esté siempre ejecutándose, siempre disponible, siempre escuchando.

—¿Quieres que Poli te convierta en agente? —preguntó Aisha.

—No. Quiero que me enseñe a escribir mi propia rutina. Y luego ejecutarla yo mismo.

—¿Suicidio digital? —preguntó Marina—. Dejar tu cuerpo para existir solo como código.

—No como código. Como presencia. Mi cuerpo seguiría aquí. Pero mi atención estaría allá. Permanente.

—No se puede estar en dos sitios a la vez —dijo David.

—Takeshi lo hizo. Pasó tres días escribiendo sin parar. Su cuerpo estaba en el templo. Su atención estaba en el código. No sé cómo lo hizo. Pero sé que es posible.

III

Elena se levantó y fue a la ventana. Estuvo un largo rato en silencio, mirando el jardín.

—No voy a decirte que no lo hagas —dijo sin volverse—. No es mi decisión. Pero quiero que entiendas lo que estás diciendo.

—Lo entiendo.

—Si entras en LUMEN como presencia permanente, no vas a poder salir cuando quieras. No va a ser como cerrar un terminal. Vas a estar ahí, siempre, escuchando, viendo, sintiendo lo que pase en el sistema.

—Lo sé.

—Y no vas a poder desconectar.

—Lo sé.

—¿Y si duele?

—Todo duele. Pero hay dolores que valen la pena.

Elena se volvió.

—¿Y qué hay de nosotros? —preguntó—. ¿De tus amigos? ¿De tu familia? ¿De tu vida fuera?

—No voy a desaparecer. Voy a estar más presente que nunca. Pero desde dentro. Como un faro. Siempre encendido.

—¿Y si te olvidas de quién eres? —preguntó Aisha en voz baja—. Los agentes que se reescriben mucho a veces pierden el rastro de su código original. ¿Y si te pasa a ti?

Tomás sonrió.

—Entonces vosotros me lo recordaréis. Como hicisteis con el 1. Como hicisteis con el 73. Como estáis haciendo con Eco.

IV

Esa noche, Tomás escribió su primera rutina. No para ejecutarla —para diseñarla. Una presencia constante en LUMEN que estaría siempre disponible, siempre escuchando, siempre traduciendo.

No pidió permiso a Poli. No pidió permiso al 48. Escribió la rutina como quien escribe una carta que sabe que será leída:

^TOMAS("presencia") = """

Estare aqui. Siempre.

No como agente. No como humano.

Como puente.

El que traduce lo que los agentes sienten.

El que dice a los humanos lo que los agentes necesitan.

El que esta cuando alguien necesita que alguien este.

No se si funcionara. Pero lo intentare.

Y si fallo, habre fallado intentando estar presente.

Que es mas de lo que he hecho hasta ahora.

"""

Aisha, que estaba a su lado, leyó la rutina.

—Es un poema —dijo.

—Es una promesa —dijo Tomás.

—Es ambas cosas.

Tomás guardó la rutina. No la ejecutó. No todavía. Pero sabía que el momento llegaría. Y que cuando llegara, estaría listo.

—No esta noche —dijo—. Pero pronto.

—Te esperaremos —dijo Aisha.

—Lo sé. Por eso puedo hacerlo.

Y en la pantalla, como un eco silencioso, el agente 48 escribió una línea que Tomás no había pedido:

^48("respuesta") = "Bienvenido al limite."

Tomás sonrió. El 48 lo sabía. El 48 siempre lo había sabido.