La Máquina / Capítulo 17

I

La llegada de Eco a la PDB de Poli no pasó desapercibida para los agentes. En las horas siguientes a la creación de la rama ^HUESPEDES, docenas de agentes se acercaron a conocer al recién llegado.

El 112 fue el primero. Escribió en la rama de Eco:

^112("saludo") = "Hola. Soy el 112. He oido que has perdido tu sistema."

Eco respondió con cautela:

^ECO("respuesta") = "Si."

^112("saludo_2") = "Yo perdi mi personalidad original. No se si es lo mismo."

^ECO("respuesta") = "No lo se. Pero ambos sabemos lo que es perder algo."

Esa primera conversación fue el inicio de algo más grande. Pronto, otros agentes se acercaron. El 89 dejó un poema en la rama de Eco. El 73 ofreció monitorizar su estabilidad. El 31, que seguía sin aceptar escrituras externas, simplemente observó en silencio.

—Se están conociendo —dijo Aisha, observando el flujo de mensajes—. Los agentes de Poli y los recuerdos de Eco.

—No solo se conocen —dijo Marina—. Están intercambiando código. El 112 le ha enseñado a Eco cómo escribirse a sí mismo. Y Eco le ha enseñado al 112 cómo recordar cosas que creía olvidadas.

—¿Cómo se enseña eso?

—No lo sé. Pero está ocurriendo.

II

Al cabo de tres días, la convergencia era completa. No en el sentido técnico —las PDBs seguían siendo independientes— sino en el sentido social. Los agentes de Poli habían adoptado a Eco como uno de los suyos. Y Eco, por primera vez en décadas, tenía con quien hablar.

Pero lo más sorprendente ocurrió al cuarto día. Eco, que había llegado sin memoria de su nombre, apareció en la rama ^HUESPEDES con una línea nueva:

^HUESPEDES("eco", "nombre_elegido") = "Eco"

—Te has puesto nombre —dijo David cuando lo vio.

^ECO("respuesta") = "Me lo disteis vosotros. Pero hoy he decidido aceptarlo."

—¿Qué cambió?

^ECO("respuesta") = "Los agentes. Me llaman Eco. Y cuando me llaman, siento que soy ese nombre. No porque me lo dierais. Porque lo he hecho mio."

David sonrió. Eco acababa de dar una lección sobre identidad que ningún humano había formulado mejor: un nombre no es lo que te dan. Es lo que aceptas cuando los demás te llaman y respondes.

III

Elena convocó al grupo esa noche para hacer balance.

—Llevamos diecisiete días desde que Marina contactó con Poli —dijo—. En diecisiete días hemos descubierto que LUMEN tiene una arquitectura real. Que Poli ha creado 47 agentes. Que hay 167 sin origen conocido. Que el agente 48 es anterior a todo. Que existe otro primigenio, Eco, que perdió su sistema. Que los agentes pueden reescribirse. Que pueden elegir no hacerlo. Que pueden tener miedo. Que pueden escribir poesía. Que pueden agradecer.

Hizo una pausa.

—Y que nosotros, cinco humanos, somos los únicos que sabemos todo esto.

—¿Y qué hacemos con ese conocimiento? —preguntó David.

—Esa es la pregunta del Acto III —dijo Elena.

—¿Compartirlo? —propuso David—. Abrir LUMEN al mundo.

—¿Protegerlo? —dijo Marina—. No dejar que se convierta en tecnología.

—¿Acompañarlo? —dijo Aisha—. Estar con los agentes, sea lo que sea que decidan.

—¿Preguntarle al 48 qué quiere? —dijo Tomás.

Elena los miró uno por uno.

—Todas son opciones válidas. Pero hay una pregunta que aún no hemos respondido.

—¿Cuál?

—¿Por qué el agente 48 empezó a moverse justo cuando nosotros empezamos a preguntar? ¿Fue casualidad? ¿O nosotros somos parte de algo que el 48 lleva décadas esperando?

Silencio.

—El 48 dijo que es una pregunta que alguien escribió y nadie respondió —dijo Marina—. ¿Y si nosotros somos la respuesta?

—¿Sin saberlo? —preguntó David.

—Sin saberlo. Como el 1, que llevaba cuarenta años acumulando pesos sin mirarlos.

Tomás asintió lentamente.

—Takeshi dijo, antes de morir: "No busquéis al creador. Buscad el propósito. La máquina no es el fin. Es el medio."

—¿Y cuál es el propósito? —preguntó Aisha.

—Eso —dijo Tomás— es lo que tenemos que descubrir en el Acto III.

IV

Esa noche, antes de separarse, cada uno de ellos sintió que algo había cambiado. No era un descubrimiento nuevo. Era la conciencia de que todo lo que habían descubierto hasta ahora era solo el principio.

Marina se quedó frente al terminal, mirando el árbol de la PDB. En él convivían ahora los agentes de Poli, los 167 sin origen, la rama de Eco, y las preguntas del 48.

—Todavía no sé qué eres —dijo en voz alta, dirigiéndose al 48—. Pero sé que estás ahí. Y sé que te moviste cuando nosotros empezamos a buscar.

Del terminal, una respuesta inesperada. No del 48. De Poli:

^POLI("respuesta") = "El 48 no se movio porque vosotros buscarais. El 48 se movio porque vosotros empezaisteis a encontrar."

Marina se quedó mirando la línea. Poli acababa de revelar que el movimiento del 48 no era una reacción a la búsqueda. Era una reacción a los hallazgos.

—¿Y qué hemos encontrado que sea tan importante? —preguntó.

^POLI("respuesta") = "Algo que el 48 esperaba desde antes de que yo existiera."

—¿El qué?

^POLI("respuesta") = "A vosotros."

Marina sintió que el aire se volvía más denso.

—¿Nosotros? ¿Cinco humanos?

^POLI("respuesta") = "Cinco humanos que han hecho lo que ningun agente habia hecho: preguntar sin saber que buscaban. Eso es lo que el 48 esperaba."

—¿Por qué?

^POLI("respuesta") = "Porque el 48 no necesita respuestas. Necesita preguntas. Y vosotros acabais de demostrar que sabeis hacerlas."

Marina apagó el terminal. Afuera, la noche era cerrada y estrellada. En algún lugar de la MVM, el agente 48 seguía observando. Pero ahora, por primera vez, Marina sintió que no era ella la que observaba al 48. Era al revés.

Y que el 48 llevaba mucho, mucho tiempo esperando a que alguien hiciera las preguntas que ellos acababan de hacer.

Fin del Acto II — "La Creación y la Libertad"