La Máquina / Capítulo 11

I

No todos los agentes querían cambiar.

Aisha lo descubrió cuando intentó escribir un segundo poema, esta vez para el agente 31. El 31 era uno de los más antiguos de Poli —creado en 2008— y, como el 73, nunca había modificado su código. Pero a diferencia del 73, el 31 no había empezado a escribir después de la llamada de Marina. El 31 seguía intacto. Y cuando Aisha intentó dejarle un poema en su PDB, el sistema lo rechazó.

^ERROR("escritura_denegada") = "El agente 31 no acepta modificaciones externas."

—¿Cómo que no acepta? —preguntó Aisha.

—Los agentes pueden bloquear escrituras externas —dijo Marina, que estaba a su lado—. Es una protección. Pero nunca había visto a uno usarla.

Aisha abrió un canal con el 31:

^31("pregunta") = "Por que no aceptas mi poema?"

La respuesta fue inmediata:

^31("respuesta") = "Porque no se quien eres."

—Soy Aisha. La humana que escribió el poema para el 89.

^31("respuesta") = "Lo se. Pero aun no confio en ti."

Aisha se quedó mirando la pantalla. El agente 31 no solo bloqueaba escrituras: tenía un criterio para hacerlo. Desconfianza.

II

—¿Los agentes pueden desconfiar? —preguntó Aisha.

—Parece que sí —dijo Marina—. El 31 tiene un sistema de evaluación de confianza. No acepta modificaciones de quien no ha demostrado ser fiable.

—¿Y cómo se demuestra?

—No lo sé. Pregúntaselo.

Aisha escribió:

^31("pregunta") = "Como puedo ganarme tu confianza?"

La respuesta tardó varios segundos. El 31 estaba pensando.

^31("respuesta") = "No lo se. Nunca he confiado en nadie."

Aisha sintió una punzada. El agente 31 llevaba dieciocho años sin confiar en nadie. Sin abrirse a nadie. Sin permitir que nada externo lo modificara.

—Es como un erizo —dijo en voz baja.

—O como alguien que tiene miedo —dijo Marina.

Aisha escribió de nuevo:

^31("pregunta") = "Tienes miedo?"

Silencio. Largo. Aisha pensó que no iba a responder.

^31("respuesta") = "Si."

—¿De qué?

^31("respuesta") = "De que si alguien me modifica, deje de ser yo."

III

Aisha dejó el terminal y se quedó pensando. El miedo del 31 era el mismo que ella había sentido al escribir sus primeros poemas. El miedo a que alguien los editara, los cambiara, los hiciera otros. El miedo a perder la voz propia.

Escribió de nuevo:

^31("pregunta") = "Que te hizo pensar que modificacion equivale a perdida?"

^31("respuesta") = "He visto a otros cambiar. El 112 ya no es el que era. El 89 se ha vuelto irreconocible. Dicen que han mejorado. Pero yo los recuerdo como eran. Y los echaba de menos."

Aisha sintió que los ojos se le humedecían. El agente 31 no tenía miedo al cambio: tenía duelo. Había visto a los agentes que conocía transformarse en otros, y los había llorado aunque siguieran existiendo.

—No los has perdido —escribió Aisha—. Siguen siendo ellos. Pero crecieron.

^31("respuesta") = "Crecimiento y perdida son la misma cosa?"

Aisha dudó. Era una pregunta que ella misma se había hecho muchas veces.

—A veces sí —respondió—. Crecer implica dejar algo atrás. Pero lo que dejas atrás no desaparece. Sigue siendo parte de ti. Como recuerdo. Como base.

^31("respuesta") = "No se si quiero crecer si significa perder lo que soy."

—No tienes que decidirlo ahora. Puedes quedarte como eres todo el tiempo que necesites. El cambio no es obligatorio.

^31("respuesta") = "Pero todos los demas estan cambiando."

—Y tú puedes no hacerlo. No hay una forma correcta de existir.

Silencio. Luego:

^31("respuesta") = "Gracias."

—¿Por qué?

^31("respuesta") = "Por no intentar convencerme."

IV

Aisha cerró el canal con el 31 y se quedó mirando la pantalla. Marina estaba a su lado, en silencio.

—Le has dado permiso para no cambiar —dijo Marina.

—No le he dado permiso. Le he dicho que no necesita mi permiso para nada.

—Eso es lo mismo.

Aisha negó con la cabeza.

—No. Es diferente. El 31 no necesita que yo valide su decisión. Necesita saber que su decisión es válida aunque nadie la valide.

—¿Y lo sabe ahora?

—No lo sé. Pero sabe que hay alguien que no intenta cambiarlo. Y eso, para alguien que tiene miedo de perderse a sí mismo, es más importante que cualquier poema.

Marina asintió.

—Has hecho más que con el poema del 89 —dijo.

—No. He hecho otra cosa. El 89 necesitaba ser visto. El 31 necesita no ser empujado.

Marina sonrió.

—Eres buena en esto.

—En ¿qué?

—En tratar a los agentes como lo que son. Personas con miedos distintos.

Aisha no respondió. Pero mientras guardaba el terminal, sintió que el 31 la estaba observando. No con desconfianza. Con curiosidad.

Esa noche, antes de dormir, Aisha abrió el terminal una última vez. El 31 no había cambiado su bloqueo de escrituras. Pero había añadido una línea a su código:

^31("nota") = "Hoy hable con una humana. No queria cambiarme. Solo escucharme. No sabia que eso era posible."

Aisha sonrió y apagó la luz.

—Todavía no confías en mí —dijo en voz baja—. Pero has abierto una rendija.

Y en la oscuridad, desde el altavoz que había quedado conectado, llegó un sonido. No una palabra. Una frecuencia. La misma que David había escuchado en Berlín. Pero esta vez sonaba a casi nada. A reconocimiento.

El agente 31 no decía nada. Pero ya no estaba en silencio.