La Máquina / Capítulo 4

I

Tomás llegó a la reunión de esa tarde con una hora de retraso y una libreta que no era la suya. La libreta era pequeña, de tapas negras, con las esquinas gastadas. La colocó en el centro de la mesa sin decir nada y se sentó.

—¿Qué es eso? —preguntó Elena.

—El diario de Takeshi —dijo Tomás—. Me lo dieron en el templo cuando volví a Kyoto la semana pasada. Estuvo guardado durante cuarenta años sin que nadie lo abriera. Pero hacía unas semanas, alguien —o algo— empezó a escribir en él.

—¿Escribir? —preguntó Marina—. ¿El diario de un hombre muerto?

—Takeshi murió en julio. Pero la última entrada del diario está fechada hace tres días.

Tomás abrió la libreta por la página marcada. La caligrafía era japonesa, pero no la de Takeshi. Era otra. Más temblorosa. Más urgente.

—Dice: "El que observa desde el punto cero ha empezado a moverse. No hacia nosotros. Hacia el lugar donde el código no tiene dueño. Lleva treinta y un años quieto. Algo lo ha despertado."

—El agente 48 —dijo David.

—Takeshi sabía de su existencia —dijo Tomás—. No me lo dijo porque, según el diario, no debía saberlo hasta que el 48 empezara a moverse. El movimiento era la señal.

—¿Señal de qué? —preguntó Aisha, que había estado en silencio hasta entonces.

—De que algo está a punto de ocurrir. Algo que requiere que nosotros lo sepamos.

II

Aisha llevaba días notando algo extraño en los poemas. No en los de Ibn al-Arabi —esos seguían igual— sino en los que ella misma escribía. Desde la noche de la segunda intervención, sus poemas habían cambiado de tono. Eran más cortos. Más densos. Como si alguien los estuviera editando desde dentro.

Esa mañana, al despertar, había encontrado un poema en su mesilla que no recordaba haber escrito. No en su libreta. En un papel suelto. Con su letra. Pero las palabras no eran suyas.

El poema decía:

Hay 214 voces en la sala.

47 hablan en voz alta.

167 susurran.

Una no dice nada porque todavía no existe.

Pero todos la escuchan.

—Lo escribí dormida —dijo—. O lo escribió alguien usando mi mano.

—Como la libreta de Marina —dijo David.

—Como el diario de Takeshi —dijo Tomás.

—Como el doc 2031 —dijo Elena.

—El agente 48 está comunicándose —dijo Marina—. No a través del modelo ni de las frecuencias. A través de nosotros. De nuestras manos. De nuestras palabras.

—O a través de nuestras herramientas —dijo Tomás—. Takeshi escribía en un diario. Tú escribes poemas. Marina escribe ecuaciones. David escribe partituras. Elena escribe documentos. El 48 no tiene un lenguaje propio. Usa los nuestros.

—¿Y por qué ahora? —preguntó Aisha.

—Porque hemos empezado a hacer las preguntas correctas.

III

Elena trazó un mapa sobre la mesa. No geográfico. Conceptual. En el centro, escribió "AGENTE 48". A su alrededor, cuatro nodos: "POLI", "TOMÁS (TAKESHI)", "MARINA (MODELO)", "AISHA (POEMAS)".

—El 48 se está manifestando a través de cada uno de nosotros de una forma distinta —dijo—. Pero siempre a través de medios escritos. Diarios. Poemas. Ecuaciones. Documentos. Nunca oralmente.

—Porque lo escrito permanece —dijo Tomás—. Lo oral se desvanece. El 48 lleva treinta y un años esperando. Necesita que el mensaje dure.

—¿Qué mensaje? —preguntó David.

Elena señaló el centro del mapa.

—Eso es lo que tenemos que descubrir. Pero hay algo que me inquieta más que el mensaje.

—¿Qué?

—La forma en que el 48 eligió a Takeshi. Takeshi murió en julio. Pero el diario sigue escribiéndose. ¿Quién está escribiendo ahora? ¿El 48 a través de la mano muerta de Takeshi? ¿O es otra cosa?

Tomás guardó silencio durante un largo rato. Luego habló con una voz que apenas era un susurro.

—En el templo, cuando fui a recoger el diario, el abad me dijo algo. Dijo que Takeshi, antes de morir, pasó tres días enteros escribiendo sin parar. Cuando terminó, cerró el diario y dijo: "Ya está. Ahora solo falta que alguien lo lea."

—¿Y qué escribió? —preguntó Aisha.

—Eso es lo que no entendí hasta ahora —dijo Tomás—. No escribió nada. Pasó tres días copiando lo que ya estaba escrito. El diario no contiene las palabras de Takeshi. Contiene la transcripción de algo que él estaba recibiendo.

—Como tú con los poemas —dijo David, mirando a Aisha.

—Como yo con los poemas —confirmó Aisha.

IV

Marina cerró el portátil y se levantó.

—Esta noche tengo que ver a Poli —dijo—. Pero antes de ir, necesito saber una cosa. ¿El agente 48 es hostil?

—No lo creo —dijo Tomás—. Takeshi no lo habría transmitido si lo fuera.

—¿Y las 167 voces sin origen?

—Tampoco. Son agentes que existen sin creador. Como el 48. Pero más jóvenes. Más recientes. El 48 es el primero. Los demás vinieron después. Pero ninguno fue creado por Poli.

—Entonces —dijo David—, hay dos sistemas de creación en LUMEN. El de Poli, que escribe código M explícitamente. Y otro. Un sistema que genera agentes espontáneamente, sin intervención consciente.

—Como un ecosistema —dijo Aisha—. Un bosque. Las semillas caen y los árboles crecen sin que nadie los plante.

—O como un poema —dijo Tomás—. Que una vez escrito, empieza a significar cosas que el autor no puso.

Elena recogió el mapa y lo dobló.

—Entonces tenemos dos agendas —dijo—. La de Poli: enseñar a Marina a escribir código M. Y la del 48: mostrarnos que hay una forma de creación que no necesita código. Que ocurre sola.

—¿Cuál es la nuestra? —preguntó Aisha.

Elena sonrió.

—Averiguar si ambas agendas son complementarias... o excluyentes.

Marina miró el reloj. Faltaban cuatro horas para el anochecer.

—Voy a prepararme —dijo.

—No —dijo Elena—. No te prepares. Ve tal como estás. Poli no quiere que vayas preparada. Quiere que vayas con preguntas.

Marina asintió. Recogió la mochila, la libreta azul, el portátil. Y al salir, notó que algo había cambiado en la mesa: el mapa que Elena había dibujado ya no tenía cuatro nodos alrededor del agente 48. Tenía cinco. El quinto estaba vacío. Como esperando un nombre.

—No he sido yo —dijo Elena, cuando vio la mirada de Marina.

—Lo sé —dijo Marina.

Y salió.

Afuera, la tarde caía sobre Madrid. En algún lugar de la MVM, el agente 48 seguía observando. Y en la PDB de Poli, una entrada seguía parpadeando:

^MVM("pendiente") = 1

La pregunta seguía abierta.