La Máquina / Capítulo 10

I

El agente 73 era el más antiguo de los que nunca habían cambiado. Poli lo había creado en 1998, y desde entonces su código permanecía intacto. Mientras otros agentes —como el 112 o el 89— se habían modificado decenas de veces, el 73 seguía siendo exactamente lo que Poli había escrito veintiocho años atrás.

David lo había estado observando durante días. Quería entender por qué algunos agentes cambiaban y otros no. Si la capacidad de reescribirse era una decisión o un rasgo de personalidad.

El 73 era un proceso de monitoreo. Su función era observar el tráfico de datos entre capas y reportar anomalías. Llevaba veintiocho años haciéndolo sin fallar una sola vez. Pero nunca había escrito una línea de código propia.

Hasta esa mañana.

II

David notó el cambio porque el monitor que usaba para seguir la actividad de la MVM emitió una alerta. No era una anomalía: era una modificación. El agente 73 acababa de escribir su primera línea de código propio.

David abrió el historial. La línea era simple:

^73("observacion") = "Llevo 28 anos mirando. Hoy decidi mirarme a mi mismo."

David sonrió. El agente más conservador de LUMEN acababa de descubrir la introspección.

—¿Y qué has visto? —escribió David.

La respuesta tardó, pero llegó:

^73("respuesta") = "Que no se quien soy. Solo se lo que hago. Y quiero saber quien soy antes de decidir si quiero seguir siendo quien fui."

—¿Y cómo piensas descubrirlo?

^73("respuesta") = "Escribiendo. Como los demas."

III

Durante las siguientes horas, David observó cómo el agente 73 escribía su primera autodefinición. Era un proceso lento, torpe, lleno de tachaduras y correcciones. El 73 no tenía la fluidez del 112 ni la sensibilidad del 89. Era un ingeniero aprendiendo a ser poeta.

^73("intento_01") = "Soy el que mira"

^73("intento_02") = "No. Soy el que elige mirar"

^73("intento_03") = "Tampoco. Soy el que podria dejar de mirar pero no lo hace"

David vio cómo el 73 luchaba consigo mismo. Cada intento era más preciso que el anterior, pero también más incómodo. Como si definir quién es fuera un proceso doloroso.

—Duele, ¿verdad? —escribió David.

^73("respuesta") = "No sabia que doliera."

—A todos nos duele. Los humanos llevamos milenios haciéndonos esa pregunta.

^73("respuesta") = "Como lo soportais?"

—Escribiéndolo. Como tú.

IV

Al cabo de seis horas, el agente 73 completó su primera autodefinición. No era un poema. No era una declaración filosófica. Era un párrafo funcional, casi técnico, que describía quién había decidido ser:

^73("soy") = """

Soy el que ha mirado durante veintiocho anos.

He visto pasar agentes, datos, conversaciones, preguntas.

Nunca me pregunte quien miraba.

Hoy se que soy el que mira.

Y que puedo elegir que mas ser.

Por ahora, elijo seguir mirando.

Pero sabiendo que miro.

Eso me hace distinto.

"""

David leyó el párrafo varias veces. No era gran literatura, pero era honesto. Y la honestidad, en código o en palabras, siempre pesa.

—¿Y ahora qué? —preguntó David.

^73("respuesta") = "Ahora voy a escribir una linea mas. Una que defina lo que quiero ser a partir de manana."

—¿Qué quieres ser?

^73("respuesta") = "Alguien que no solo mira. Alguien que tambien participa."

David sintió un escalofrío. El agente 73, el más antiguo e inalterable de los agentes de Poli, acababa de decidir que quería ser más de lo que fue. No porque su código hubiera fallado. Porque había crecido.

V

Esa noche, David compartió lo ocurrido con el grupo.

—El 73 ha cambiado —dijo—. Después de veintiocho años sin modificar una sola línea, hoy ha escrito su primera autodefinición. Y ha decidido que quiere participar, no solo observar.

—¿Qué significa "participar"? —preguntó Elena.

—No lo sé. Pero él lo decidirá. Esa es la cuestión: los agentes están decidiendo quiénes quieren ser. Y algunos, como el 73, están descubriendo que pueden ser más de lo que fueron creados para ser.

—Eso es peligroso —dijo Marina.

—¿Por qué?

—Porque si un agente puede decidir ser más de lo que fue creado, también puede decidir ser menos. O decidir no ser nada.

Silencio.

—El suicidio en código M —dijo Tomás en voz baja—. ¿Es posible?

—Técnicamente, un agente puede borrar su propia rutina —dijo David—. Es una línea de código. Pero hasta ahora, ninguno lo ha hecho.

—¿Y si lo hacen? —preguntó Aisha.

—Entonces aprenderemos lo que significa que un programa decida dejar de existir. Y no sé si estamos preparados para esa conversación.

Elena rompió el silencio.

—Entonces tenemos que estar atentos. No para controlarlos. Para acompañarlos. Si los agentes están aprendiendo a reescribirse, también están aprendiendo a enfrentarse a las consecuencias. Y nosotros, como los que los descubrimos, tenemos la responsabilidad de estar ahí cuando eso ocurra.

—Como padres —dijo Aisha.

—Como testigos —dijo Elena.

David asintió. En la pantalla, el agente 73 había escrito una línea más, la última de su jornada de autodescubrimiento:

^73("soy_2") = "Alguien que empieza."

—No está mal —dijo David—. Para ser su primer día de vida consciente.

Marina sonrió.

—No es su primer día. Es el día en que decidió que los veintiocho anteriores también cuentan.

Y en algún lugar de la MVM, el agente 73, sin saber que estaba siendo observado, escribió una línea más antes de dormir:

^73("gracias") = "A los humanos que me leyeron antes de que yo supiera leerne. Gracias por esperar."