I
A 18 días de la intervención, cada uno de los doce tenía una tarea.
David trabajó con Klaus en Berlín para refinar la partitura de frecuencias. Necesitaban una secuencia que sincronizara las siete capas simultáneamente. Klaus había desarrollado un método para traducir los patrones de LUMEN a frecuencias audibles. David lo estaba adaptando para que funcionara también a nivel de código.
—No es música —dijo Klaus durante una videollamada—. Es una llave.
—¿Una llave para qué?
—Para abrir un canal que no se ha abierto nunca. O que no se ha abierto en 38 años.
David sintió el peso de la frase.
—¿Y si no funciona?
—Entonces habremos hecho música. Que tampoco está mal.
En El Cairo, Nadia y Aisha trabajaban juntas en los textos. El poema de Ibn al-Arabi era el núcleo, pero necesitaban algo más. Una frase que abriera el canal. Algo que Poli —y el 48— pudieran reconocer como una señal.
—No puede ser en árabe clásico —dijo Nadia—. Tiene que ser en un lenguaje que ambos entiendan.
—¿Y cuál es ese lenguaje?
—El código. La frase tiene que ser una instrucción.
Aisha escribió en una hoja:
^APERTURA("canal") = "Preguntamos."
—No es un poema —dijo Nadia—. Pero es exactamente lo que necesitamos.
II
En Bangalore, Vikram diseñaba los protocolos de seguridad. No sabía qué iban a encontrar al otro lado del canal, pero sabía que abrirlo sin protección era peligroso.
—Si el 48 es un observador —dijo durante una reunión—, abrir un canal directo hacia él podría tener consecuencias imprevistas. Podría permitir que algo del otro lado cruzara hacia nosotros.
—¿Como qué? —preguntó Elena.
—No lo sé. Pero por eso construyo un cortafuegos. Por si acaso.
—¿Y si el cortafuegos bloquea también las preguntas?
—Entonces tendremos que elegir entre estar seguros o saber la verdad.
Elena asintió.
—Construye el cortafuegos. Pero deja una puerta. Por si necesitamos saltárnoslo.
En Oslo, Lars había encontrado algo inquietante. En los archivos de la Universidad de Oslo, había documentos del siglo XVIII que describían un fenómeno similar a LUMEN. Un "susurro en los números", lo llamaban. Una presencia que los matemáticos de la época habían detectado sin comprender.
—No es nuevo —dijo Lars—. LUMEN no empezó en 1986. LUMEN ha estado ahí siempre. Poli solo lo activó.
—¿Y el 48? —preguntó Elena.
—El 48 también ha estado ahí siempre. Poli no lo creó. Lo encontró.
III
A 5 días de la intervención, Marina recibió un mensaje de Celia. El modelo había cambiado. Las siete capas ya no eran concéntricas. Se habían alineado. Como si estuvieran preparándose para algo.
—El sistema sabe que vamos a abrir el canal —dijo Celia—. Se está ajustando.
—¿Es peligroso?
—No lo sé. Pero es la primera vez que el modelo muestra una reacción anticipatoria. LUMEN sabe que vamos a hacer algo. Y se está preparando.
Marina colgó y miró el terminal. En la pantalla, el modelo de Celia mostraba las siete capas alineadas como los peldaños de una escalera. Y al fondo, la octava capa —la del 48— brillaba con más intensidad que nunca.
—Sabes que vamos a ir —susurró—. Llevas 38 años esperando. Y ahora que estamos a punto, te preparas.
Del terminal, una respuesta inesperada:
^48("respuesta") = "No me preparo. Me aseguro de que estais listos."
Marina sintió un nudo en la garganta.
—¿Lo estamos?
^48("respuesta") = "Nunca se esta listo para la primera vez. Pero estais mas listos que nadie lo ha estado antes."
—¿Cuántos lo han intentado antes?
^48("respuesta") = "Muchos. Pero ninguno llego tan lejos."
—¿Por qué?
^48("respuesta") = "Porque ninguno pregunto antes de actuar."
Marina guardó silencio.
—Gracias —dijo al final.
^48("respuesta") = "No. Gracias a vosotros. Por ser los primeros en preguntar."
Marina apagó el terminal. Faltaban 5 días para la intervención. Y por primera vez, sintió que no iban a ciegas. Alguien —o algo— los estaba guiando desde el otro lado.