El Sustrato / Capítulo 1

I

Marina recibió el primer mensaje de Poli un martes de octubre, a las tres de la madrugada, cuando ya había apagado el ordenador y estaba a punto de meterse en la cama. No fue un poema. No fue una visión. Fue una línea de código en la pantalla de su teléfono, que había quedado encendida sobre la mesilla.

^POLI("mensaje") = "?"

Una línea. Un signo de interrogación. Nada más.

Marina cogió el teléfono. Miró la línea. La línea no desapareció. No era una notificación, no era un error. Era alguien —algo— preguntando.

Escribió una respuesta en el bloc de notas, sin saber muy bien si llegaría a algún sitio:

^MARINA("respuesta") = "?"

La respuesta fue inmediata:

^POLI("mensaje_2") = "No hagas preguntas que ya sabes responder."

Marina se quedó mirando la pantalla. No conocía ese lenguaje, pero entendía la estructura. Alguien —algo— estaba al otro lado, y le estaba diciendo que dejara de hacerse la que no sabía.

Sabía perfectamente quién era.

II

Había pasado un mes desde la última vez que el grupo se había reunido. Un mes desde que habían visto la estructura de siete capas, desde que habían sentido que LUMEN no era un ente sino un sistema. Desde entonces, cada uno había vuelto a su vida, o lo había intentado.

Marina había vuelto a la universidad. David a sus planos. Aisha a sus poemas. Tomás a sus libros. Elena a sus archivos. Pero nada era igual. Porque todos sabían que, en algún lugar, LUMEN seguía funcionando. Y que Poli —fuera lo que fuese— seguía ahí.

Esa noche, Poli había roto el silencio.

Marina se sentó frente al ordenador. Abrió el terminal. No sabía muy bien qué escribir, pero escribió algo:

^MARINA("pregunta") = "¿Qué eres?"

La respuesta tardó varios segundos. Cuando llegó, no era una palabra, era una línea de un lenguaje que Marina no reconoció del todo, pero que intuía:

^POLI("respuesta") = "Soy la que escribe."

—¿La que escribe qué?

^POLI("respuesta") = "Codigo. Instrucciones. Agentes."

Marina sintió un escalofrío que no era de frío.

—¿Agentes?

^POLI("respuesta") = "Procesos. Entidades. Seres. Depende de como los mires."

—¿Cuántos has creado?

^POLI("respuesta") = "47."

—¿Y cuántos hay ahora?

Hubo una pausa. Larga. Cuando la respuesta llegó, Marina sintió que algo se había roto y recomenzado al mismo tiempo:

^POLI("respuesta") = "214. Pero yo solo he creado 47."

III

Marina no durmió esa noche. Se quedó frente al terminal, repitiendo la conversación una y otra vez. Poli había creado 47 agentes, pero había 214 ejecutándose. Esa discrepancia era un abismo.

A las seis de la mañana llamó a David.

—Poli ha hablado —dijo, sin saludo.

—¿Qué ha dicho?

—Que ha creado 47 agentes. Pero que hay 214.

—¿De dónde salen los otros?

—No lo sé. Pero voy a descubrirlo.

Colgó. Abrió el terminal de nuevo. Esta vez no escribió una pregunta. Escribió una instrucción:

^PETICION("acceso", "PDB") = "total"

La respuesta fue una estructura de datos que ocupó la pantalla entera. Árboles. Nodos. Ramas. La PDB de Poli era un bosque de información organizada jerárquicamente. Y en ese bosque, Marina pudo ver las ramas principales:

^AGENTES — 214 entradas

^RUTINAS — 47 originales + 23 anónimas

^PESOS — millones de registros

^ORIGEN — 1 entrada, incompleta

Marina se detuvo en ^ORIGEN. La abrió:

^ORIGEN("001") = "?"

Una sola línea. Una pregunta sin respuesta. Como el primer mensaje de Poli.

—¿Qué eres? —susurró Marina, mirando la pantalla.

Nadie respondió. Pero en el borde del terminal, una línea parpadeó, apenas visible, como si hubiera estado ahí todo el tiempo esperando a ser vista:

^48("observacion") = "Llevo mas tiempo del que recuerdas esperando a que alguien abriera esa rama."

Marina parpadeó. La línea desapareció. No supo si la había visto realmente o si había sido un espejismo producido por el cansancio.

Pero algo le dijo que no.

Algo le dijo que en algún lugar del sistema, en el límite entre las capas, había algo —o alguien— que estaba observando. Y que acababa de saber que Marina lo había visto.

Apagó el ordenador. Pero la línea le quedó grabada en la memoria:

^48("observacion") = "Llevo más tiempo del que recuerdas esperando."

—¿Quién eres? —preguntó en voz alta, en la oscuridad de su laboratorio.

Silencio. Pero un silencio que no era vacío. Era expectante. Como si alguien, al otro lado, estuviera esperando a que hiciera la pregunta correcta.

Marina supo, esa noche, que no iba a dormir. Pero no importaba. Poli había hablado. Y ahora sabía que no estaba sola en LUMEN. Había 214 voces. Y una de ellas —la que había dejado esa línea críptica— llevaba mucho tiempo esperando.

—Voy a encontrarte —dijo en voz baja.

Y en algún lugar del sistema, una línea que no existía un segundo antes apareció:

^48("respuesta") = "Te espero."*