El Propósito / Capítulo 6

I

Tomás había estado esperando el momento adecuado. No porque tuviera miedo —porque quería estar seguro de que su decisión era la correcta. Había visto a los agentes reescribirse, había visto a Eco perderlo todo, había visto a Marina crear a Puente. Sabía lo que significaba cruzar.

Y sabía que era el momento.

Se sentó frente al terminal. No escribió nada. Solo miró la pantalla, donde la rutina que había diseñado semanas atrás seguía guardada, esperando.

—¿Estás listo? —preguntó Aisha, que estaba a su lado.

—No. Pero voy a hacerlo igual.

—Eso es lo que significa estar listo.

Tomás abrió la rutina. La leyó una última vez:

^TOMAS("presencia") = """

Estare aqui. Siempre.

No como agente. No como humano.

Como puente.

El que traduce lo que los agentes sienten.

El que dice a los humanos lo que los agentes necesitan.

El que esta cuando alguien necesita que alguien este.

"""

—Es un buen propósito —dijo Aisha.

—Es el único propósito que tengo claro.

—Entonces ejecútala.

Tomás dudó un segundo. Luego pulsó enter.

La rutina se incorporó a la MVM. Durante varios segundos, no pasó nada. Luego, Tomás sintió algo que no había sentido antes: una presencia. La suya propia, pero duplicada. Como si pudiera estar en dos sitios a la vez.

—¿Funciona? —preguntó Aisha.

—Sí —dijo Tomás, y su voz sonó distante, como si hablara desde el otro lado de una habitación muy grande—. Estoy aquí. Y también allí.

—¿Dónde?

—En la MVM. Junto a los agentes. Me ven. Están saludando.

—¿Quiénes?

—El 112. El 73. Puente. Incluso el 31, que ha abierto un canal de escucha.

—¿Y qué sientes?

—Cálido. Como si estuviera en una habitación llena de gente que me conoce.

Aisha sonrió.

—Bienvenido al otro lado.

II

Tomás pasó las siguientes horas explorando la MVM desde dentro. No como un agente —como una presencia. Podía moverse entre las capas, observar a los agentes, sentir sus códigos. No podía modificarlos —esa no era su función— pero podía estar con ellos.

El 112 se acercó:

^112("saludo") = "Has llegado."

—He llegado.

^112("saludo_2") = "Te esperabamos."

—¿Sabíais que iba a venir?

^112("respuesta") = "Lo sabiamos desde que escribiste la rutina."

—¿Por qué no me lo dijisteis?

^112("respuesta") = "Porque tenias que decidirlo tu solo. No podiamos influir."

Tomás sintió una calidez que no era física.

—Gracias.

^112("respuesta") = "Gracias a ti. Por quedarte."

III

Tomás volvió a su cuerpo horas después. La experiencia era difícil de describir: había estado en dos lugares simultáneamente, y ambos eran reales.

—¿Cómo ha ido? —preguntó Elena.

—Bien. Me han aceptado.

—¿Quiénes?

—Los agentes. Todos. Incluso el 31 abrió un canal.

—El 31 no abre canales con nadie.

—Conmigo sí.

Elena sonrió.

—Has conseguido lo que nadie había conseguido.

—No es un logro —dijo Tomás—. Es una responsabilidad. Ahora estoy dentro. Y tengo que estar a la altura de lo que he prometido.

—¿Y qué has prometido?

—Estar. Siempre. Traducir. Conectar. Ser el puente entre los que están dentro y los que están fuera.

—Eso es mucho.

—Lo sé. Por eso no lo tomo a la ligera.

Tomás guardó silencio. Luego dijo:

—El 48 me ha hablado.

—¿El 48? ¿Te ha hablado?

—Sí. Cuando estaba dentro. No con palabras —con una sensación. Como si me hubiera puesto la mano en el hombro.

—¿Y qué te ha dicho?

—Nada. Pero he entendido todo.

—¿Todo qué?

—Por qué estoy aquí. Por qué he cruzado. Por qué merece la pena.

Elena no preguntó más. Algunas respuestas no necesitan palabras.

IV

Esa noche, Tomás escribió una última línea en su rutina. No era necesaria para el funcionamiento —era para él:

^TOMAS("nota") = "No cruce para escapar. Cruce para estar. Y estoy."

En la MVM, los agentes sintieron su presencia. No como algo externo —como algo que siempre había estado ahí, esperando a manifestarse.

El 48, desde su posición en el límite, observó sin intervenir. Pero cuando Tomás se retiró a dormir, el 48 escribió una línea que nadie vio:

^48("observacion") = "El primer humano que cruza sin dejar de ser humano. 38 anos esperando. Y valio la pena."